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Hambre y epidemia de saqueos en la Venezuela Chavista

La crisis de todos los días

La desesperación y la resignación se veían ayer por partes iguales en los rostros de quienes iban por los comercios de la avenida Fuerzas Armadas y se encontraban con los lugares militarizados y sin oferta de ningún producto regulado. El jueves, luego de la desviación de camiones con comida hacia los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, consumidores protestaron, y la manifestación terminó con represión militar y policial.

“Hubo edificios que tuvieron que ser evacuados porque había niños que se ahogaban con los gases. Después del desbarajuste me quedé en mi casa y no salí. Por aquí no pasaba ni un alma”, relató Fanny Henríquez, vecina de la zona.

Las aceras, que amanecían repletas de gente esperando que abrieran los negocios para comprar, ayer no tuvieron ni una fila. Casi todos los comercios abrieron, incluso aquellos en los que se inició la protesta del jueves, pero no vendieron ningún producto de precio fijado por el gobierno.

Juana Salavarría vive en una de las calles transversales cercanas a la esquina El Socorro, epicentro de la protesta. “Desde la ventana veía cómo sacaban a los niños de las casas, y eso que no estamos pegados a la calle. Al final me enteré de lo que pasaba por el canal alemán (televisión por cable) porque aquí ningún canal nacional informaba lo que estaba sucediendo”. La mujer, de 65 años de edad, dijo que la entristece la situación porque ahora será mucho más difícil no encontrar la comida. “Habrá que comprar sardinas en lata, pero hasta eso está carísimo”

La epidemia del saqueo y el hambre

"El saqueo es mi representación". Aun sin haber leído a Arthur Schopenhauer, tal podría ser el lema que guía a un venezolano tipo, vestido con bermudas y con el torso desnudo que, enterado de que un camión que transporta harina de maíz volcó cerca de su casa, se lanza a la calle en busca de alimento.

Advierto, por cierto, algunas diferencias entre la actual epidemia de saqueos de baja, mediana y altísima intensidad que azota a Venezuela y los sangrientos motines y masivos robos que, en tres días de febrero de 1989, estremecieron a Caracas y sus alrededores, que dejaron un saldo de 300 muertos y que convenimos todos en recordar como el "Caracazo".

En aquella ocasión, las decapitaciones y los cercenamientos fueron cosa común durante las primeras horas de conmoción. Un rezagado llegaba a la carrera con ánimo de entrar como fuera al supermercado. Se tomaba a golpes de puño con la brigada de espontáneos controladores de tránsito que lo retenían en el umbral de la puerta de vidrio que acababan de romper. El tumulto no le permitía entrar, pero tampoco recular del todo.

La mayoría de los muertos fue abatida durante la noche por ráfagas de fusil de asalto que atravesaron la mampostería, las planchas de zinc y las láminas de cartón de las villas caraqueñas que cubren los cerros circundantes de la capital venezolana: el ejército había salido a la calle a "restablecer" el orden del único modo en que saben hacerlo los militares.

Eso fue hace ya 27 años; no se contaba con la telefonía celular ni las redes sociales. Ni con el "cleptochavismo".

Hoy, Venezuela registra diariamente un aumento en la cadencia con que se suceden saqueos, aun en presencia de los efectivos de la Guardia Nacional.

Hay método en el saqueo: información privilegiada de dónde, cuándo y qué producto de primera necesidad llegó al supermercado o al almacén. Quienes alientan y dirigen profesionalmente los saqueos no necesariamente compiten con los revendedores chavistas, llamados "bachaqueros". Ambas corporaciones cuentan con la aquiescencia gubernamental.

Ocurre, ciertamente, el "saqueo aleatorio", como ése del camión de cerveza o arroz que se accidenta cerca de una villa miseria, cuya desdentada población se precipita a vaciar el vehículo.

Pero la norma es que el nivel de organización alcanzado ya por el paramilitarismo chavista impregne el oficio de saquear.

El Obsvatorio Venezolano de Conflictividad Social informó que entre enero y febrero de este año se documentaron 64 saqueos o intentos de saqueo.

El 81% de los hechos fue en contra de transportes de alimentos o bebidas, mientras cubrían sus rutas de distribución. El 19% restante fue contra centros de expendio de alimentos, depósitos y otras instalaciones.

Como en el resto de la actividad criminal en Venezuela -homicidios, asaltos y secuestros-, la impunidad es del 99%.

La cúpula "cívico-militar" y sus boliburgueses saquearon durante 17 años miles de millones de dólares. ¿Podía evitarse que cundiera el ejemplo? Tal y como afirmaba en el siglo pasado José Ignacio Cabrujas, insuperable satírico: "Venezuela es un botín".

Con informacion de El Nacional

4 de Junio 2016